Hoy leerás un texto sobre la simetría y de cómo
un lado es el inverso exacto del otro si pasamos una línea central
imaginaria. Pensarás si es que esto es
posible, dudarás, tratarás de olvidarlo y volverás a darle vueltas a la idea.
Saldrás a la calle y te fijarás con cuidado en la gente que camina cerca de ti.
Verás que aquel hombre que vende periódicos tiene una oreja más arriba que la
otra y que la guapa joven de cabello amarillo tiene caído el hombro derecho.
Voltearás a ver el cielo y pensarás que no puedes ver el inverso simétrico que
mencionaba el texto. Seguirás caminando y verás un charco de agua en el piso,
verás una imagen especular. Verás que todo lo que te rodea está ahí dentro, en
ese pequeño charco de agua. Seguirás mirando hasta descubrir poco a poco que
hay una imagen completa del cielo que mirabas hace unos minutos, ahí, en ese
charco de agua. Pensarás, te preguntarás si esos dos lados simétricos forman
parte de una misma cosa, como cada uno de los lados de un rostro. Entonces
creerás que ese cielo que miraste antes era un cielo incompleto, que lo que
viste era solo la mitad del cielo. Pensarás en ti y en tu simetría y en la otra
parte que se refleja en el agua. Creerás que sólo has visto la mitad de ti mismo
durante toda tu vida. Sentirás miedo, te sentirás desmembrado, como si de
repente alguien te hubiera partido justo a la mitad. Verás que también otros
espejos pueden reflejarse en ese charco de agua, uno dentro del otro,
sucesivamente. Verás que estás en un mundo donde las simetrías se multiplican.
Empezarás a buscar más espejos dentro del charco de agua. Empezarás a ver los
reflejos de los reflejos de los reflejos. Cada vez te sentirás más roto y verás
que sólo has visto partes de las cosas y que nada de lo que habías visto hasta
el momento era completo. Después de leer el texto creerás temerle a los
espejos.
martes, 15 de abril de 2014
viernes, 11 de abril de 2014
Una noche en verano un sueño
Me despierto, en un
instante abro los ojos, de un salto estoy en la ventana. Ha llegado la hora.
Veo la luna, el aire huele a selva, a cuerpos húmedos. Comienzo a prepararme.
Aceite untado sobre todo el cuerpo, aceites de olores varios, olores antiguos.
Preparo mis armas, mis ojos adquieren un nuevo brillo, es la anticipación de lo
que ocurrirá. Empiezo a sentir con más fuerza su aroma, cada vez la
localización la tengo más clara, he de caminar hacia el sur. Siento los
músculos tensos, listos, la energía recorriendo mi cuerpo.
Salgo, corro rápidamente, viendo a los demás
que no me observan, acaso los toco un poco para que no olviden que nos hemos
encontrado, los miro, mi trabajo ha sido excelente, solo bastó una vez y el
recuerdo del encuentro sigue y seguirá ahí. Siento el roce de las hojas, de los
troncos, el roce de los animales, su olor me inunda, me embriaga. Me detengo un
poco, busco el aroma, lo encuentro y continuo, cada vez más rápido, cada vez
con más certeza. Veo una ventana, ahí está ella, su aroma alumbra la casa como
un resplandor que solo yo puedo ver.
Con solo pensarlo estoy
en su ventana. La veo dormir, sé que será fácil. Entro en su cuerpo, caliento
su piel, los dedos de sus manos se extienden y su mano se abre. Mueve la
cabeza, casi despierta, pero luego cede fácilmente. Sigo recorriendo su piel,
buscando el lugar preciso. Su espalda se arquea, comienza a sudar. Ahora ya no
quiere despertar, se ha entregado, desea que la noche sea larga. Estoy en su
sueño, el lugar donde uno puede olvidarse de sí mismo, y ella lo hace. Es una
fiesta para ella y para mí. Yo sigo buscando, su vientre se eleva con suavidad,
siente algo diferente en su sexo, se resiste un poco y cede. El amanecer por
fin se asoma.
Salgo de ahí y recorro rápidamente
el camino de regreso, pero ahora voy relajada, satisfecha. Ahora deseará, será
como si estrenara cuerpo. Algo dentro de ella ha cambiado, algo que ella no
intuye. Durante unos días, se sentirá un poco rara, temerá que se le note. Pero
después se acostumbrará y aprenderá poco a poco. Sé que ahora despierta.
Caminará siendo otra, con otro aroma, con otro ritmo, con otra conciencia y
otra cadencia. Ahora está lista.
miércoles, 2 de abril de 2014
Hay al-Gailani
Dos
hermanos en Hay al-Gailani, salen temprano de su cabaña. En ese suburbio, las
casas son antiquísimas barracas en una de las zonas de pobreza más terribles de Bagdad.
Es temprano, pero a las siete de la mañana el calor ya se ha
puesto en pie y la tierra seca se levanta en rutinarios remolinos anárquicos
alrededor de las barracas. Los hermanos suben a su automóvil, van a buscar
trabajo, a visitar a otros familiares, a cualquier cosa. Ven a lo lejos un
puesto de revisión de las tropas de la coalición y deciden no detenerse, -¡que
se jodan los invasores!- dicen, y manejan sobre el alambre de púas que intenta
detenerlos. Fue lo último que supieron. Dos jóvenes soldados estadounidenses,
al ver el automóvil avanzar y narcotizados de impaciencia, terror, poder y
fanatismo, repetidamente disparan al automóvil que comienza a arder en llamas.
El automóvil arde por media hora hasta que todo lo que podía
consumir el fuego acaba de consumirse. Todo se reduce a ennegrecidos y
carbonizados fragmentos de lámina, partes automotrices y humanas. Los soldados
no esperan a que el automóvil termine de arder, simplemente se marchan, a no
dar cuenta de lo sucedido, a desayunar, a masturbarse, a cualquier cosa.
Mientras se consume el automóvil, otros habitantes de Hay
al-Gailani observan el suceso, unos intentan apagar el fuego, otros observan el
fuego pensando en los hombres quemados vivos, en los marines, en sus hijos o padres muertos, en cualquier cosa. Sus ojos
fijos en el fuego casi ni parpadean mientras los remolinos de aire caliente y
tierra seca se confunden con el humo que sube sobre Bagdad. Después de que el
fuego se apaga, intentan averiguar quiénes eran. Imposible tarea: no queda nada
que pueda identificarlos, ni siquiera las placas del automóvil son visibles. A
las 10:30 los restos carbonizados de los hermanos son llevados en bolsas de
plástico por otros habitantes de Hay al-Gailani a la morgue del Kindi.
A solo 36 horas de la presunta muerte de Uday y Quday, hijos
de Saddam Hussein, otros dos hermanos mueren juntos. Pero las fotos de sus
cuerpos irreconocibles y calcinados no poblaran los diarios alrededor del
mundo.
![]() |
| Historia basada en hechos reales. |
lunes, 24 de marzo de 2014
La decisión
Su
vida transcurría pacíficamente, muy pacíficamente. Se levantaba temprano a
prepararse un té y desayunar galletas, mimaba a su gato un rato y en otro rato
ya era hora de comer el almuerzo y si esperaba un poco más ya era hora de ir al
supermercado. Esa hora se había convertido en la parte emocionante del día:
preparaba su abrigo, su paraguas, revisaba sus zapatos, los limpiaba si era
necesario, tomaba su monedero, ponía mas monedas en él, revisaba que la estufa
y el horno estuvieran apagados, revisaba las ventanas, los cerrojos, que la
televisión estuviera apagada y entonces salía de su casa, poniendo mucha
atención en dejar todos los cerrojos bien cerrados. Y caminaba hacia el
supermercado, paso a pasito, entonces llegaba y tomaba una canasta pequeña
donde solo ponía té, más galletas y a veces pan, queso o alguna fruta. Daba
vueltas en la tienda, observaba a la gente, revisaba los productos que tuvieran
etiquetas atractivas, iba a la sección de frutas y verduras y las revisaba, las
olía y a veces hasta compraba alguna fruta suave cuyo aroma le hubiera llamado
la atención. Las horas se le iban en la tienda y le daban una sensación de
haber aprovechado el día. Sensación que se incrementaba con el cansancio que
sentía al llegar a su casa donde entonces, si esperaba un poco más, el sueño llegaba.
Pero estaba en realidad muy sola y a
veces se sentía muy abandonada por su familia y sus amigos. Su hija casi no la
llamaba por teléfono y solo la visitaba cada seis semanas para llevarle una
caja de comida congelada que le duraba otras seis semanas. La mayoría de sus
amigas habían muerto hacia algunos años. A veces se sentía tan sola que hacía
varios viajes al supermercado. El ritual de salir de su casa le ayudaba a
contener las lágrimas que comenzaban a llenar sus ojos.
Y así, poco a poco, fue que fue
tomando la decisión. A veces se olvidaba de ella, a veces le dedicaba largas
horas y la repensaba y la volvía a pensar. Otras veces pensaba que era una
tontería e intentaba olvidarse de la idea haciendo un viaje más al supermercado.
Otras veces la decisión le dolía profundamente o le avergonzaba terriblemente.
Pensaba en su hija, pero entonces pensaba en su vida y otra vez las lágrimas le
llenaban los ojos. Hasta que por fin un día, decidió que no habría marcha atrás
y que la decisión estaba tomada, pasara lo que pasara.
Decidió también, convertir la
decisión en un ritual. Se fue al salón de belleza, se arregló el pelo, las
manos y hasta los pies, se compró una crema para el cuerpo, para la cara, se
compró ropa nueva, unos zapatos, arregló su casa, compró unas flores. Escribió
en un papel lo que había decidido, cerro el sobre y lo llevo al correo.
Al día siguiente el diario local
tendría un anuncio nuevo y un teléfono: “Straight
lady 65, lives in Birkenhead area, would like to meet other lady with no ties,
for friendship and shopping call on 09875632”.
martes, 18 de marzo de 2014
El loco
John
fue siempre un buen hombre: centrado, trabajador, decente, buen hijo, buen
amigo. Nacido y criado en Inglaterra, John jamás pensó en morir en otro lugar.
De hecho, jamás pensó en ningún otro lugar. Jamás hizo caso de fotos de lugares
lejanos, para el solo existía Inglaterra. Su concepto del mundo se reducía a
cielos grises y lluvia, frío en invierno y un poco de sol en verano. Y John
habría muerto en Inglaterra sin saber jamás del mundo si no hubiera sido porque
su mejor amigo se fue a vivir a Grecia.
De un día al otro John se encontró
profundamente solo. La amistad que guardaba con aquel hombre que conocía desde
su niñez era lo que le daba balance a su vida. John sintió repentinamente toda
la angustia y la soledad que nunca antes había experimentado en su predecible y
cómoda vida. Fue entonces cuando decidió que el también dejaría Inglaterra, así
que tomó un globo terráqueo y comenzó a hacerlo girar y girar y decidió que
iría al lugar donde su dedo apuntara. Por supuesto, ignoró los primeros
intentos pues su dedo señalaba algún lugar en medio de algún mar. Hasta que por
fin su dedo señaló tierra y bajo su dedo cayó México y en México, Veracruz. Era
de esperarse que John no tuviera idea del lugar donde su dedo había caído.
Tampoco tenía idea de cómo llegar allá y mucho menos que ahí se hablaba un
lenguaje diferente al suyo. Pero finalmente consiguió hacerse entender en los
lugares requeridos y tomó un barco y cruzó el océano atlántico.
Y así, el inglés llego un día,
cuentan las historias, a la selva veracruzana. Nunca nadie en Veracruz vio al
inglés centrado y correcto que John había sido antes. Cuando llego era ya el
hombre de los ojos perdidos y del hablar extraño. John fue conocido, desde
siempre, como el loco.
Pero era cierto, John para ese
entonces ya estaba verdaderamente loco. No se había repuesto de la maravilla de
ver tanto mar por tanto tiempo y de la angustia infinita de haberlo dejado
todo. Cuando llegó a Veracruz, se encaminó al norte y sus ojos y su débil
corazón no pudieron más cuando la selva apareció magnífica ante sus ojos. Fue
entonces cuando John no pudo más.
Y cuenta la historia que aquel inglés
utilizó el rollo de dinero que traía en su bolsa para comprar una propiedad en
medio de la selva. Entonces, bajo los ojos extrañados de la gente local, John
se dedicó a construir con sus propias manos una casa.
Pero John jamás tuvo en mente una casa, lo que el construyó
fue un artefacto de comunicación con la selva, fue su manera de acercarse a
ella, de bailar con ella, de hablarle. Es por eso que hay escaleras que no
llevan a ningún lado o que terminan en un muro cubierto por enredaderas, por
eso hay columnas romanas de 20 metros en cuya parte alta hay una maceta enorme
llena de helechos como queriendo parecerse a los helechos arborescentes que las
rodean, por eso hay planchas de concreto levantadas aquí y allá porque John
quería alcanzar a la selva que se alzaba imparable hacia las alturas, por eso
hay más selva que muros y escaleras y por eso no hay techos. John amaba a esa
selva y lo dio todo por ella y por eso hay fragmentos de un laberinto
esparcidos por todos lados porque era la manera en que John andaba buscando lo
que se le había perdido. Aun hoy se puede ver la casa del loco, como se le
conoce por allá, ya medio devorada por la selva que lo enloqueció y en la que
acabó por perderse.
| Imagen de Christian Von Wissel. |
jueves, 13 de marzo de 2014
Diminuto
Basado en hecho reales.
Del
tamaño de un pulgar, paseaba aquella vida mínima por el parque. Confiado pasaba
de una moronita de pan a la siguiente, inspeccionando cada una con cuidado.
Parecía no darse cuenta de su vulnerabilidad, ignoraba a la gente sentada en
las bancas, a los perros, a los transeúntes.
De pronto, con su diminuta gran
agilidad atravesó el pasillo que separaba a una banca de la de enfrente.
Angustiados, los demás no hacíamos más que mirar a un lado luego al otro, luego
a él, calculando las probabilidades de que alguien lo pisara. Nosotros
preocupados y él tranquilo se dedicaba a revisar los pedazos de pan dulce y las
semillas. Iba y venía, invulnerable a los pasos de los que desde tan arriba no
alcanzaban a verlo. Y nosotros seguíamos mirando a un lado, luego al otro,
luego a él.
Una pareja de novios se acercaba, distraídos en su
felicidad, comiendo una alegría y una palanqueta, mientras que él, estaba
comiendo tranquilamente, justo en la mira de los pasos de la pareja. Pasaron
junto a él sin que ninguno de los tres se diera cuenta. Pero nosotros sí y
sufrimos mirando a la pareja, luego a él, luego a la pareja, luego a él.
Aquella vida diminuta se regresó a seguir comiendo debajo de
la banca. Tomamos un poco de café. Respiramos. La pareja de enfrente reía con
la emoción de la historia épica que acabábamos de presenciar. Pero que no había
terminado, de hecho apenas empezaba, porque aquel héroe diminuto se lanzó otra
vez a conquistar nuevas hazañas.
Ahora era una bicicleta la que se acercaba y nosotros,
mirábamos a un lado, luego al otro, luego a él, medíamos las intenciones del
ciclista, las de él, las del ciclista, las de él, y nos mirábamos unos a otros.
La llanta de la bicicleta pasó justo a su lado generando una taquicardia
generalizada y tazas de café enfriándose. Pero él, tranquilo, no se inmutaba
mientras comía una moronita de pan y restos de dulce de almendra.
Se regreso del lado donde yo estaba, a seguir buscando
pedazos de buñuelo o de galleta debajo de la banca. Respiramos con
tranquilidad, sonriendo nos miramos sin decir nada pero compartiendo el alivio,
como si de nosotros hubiera dependido su suerte. Y como en las historias de
héroes legendarios, el diminuto ratón desapareció ágilmente entre los arbustos
y las flores de aquel parque, ignaro de su grandeza, dejando atrás a los
testigos de la leyenda.
![]() |
| Foto de Janeymx1. |
jueves, 27 de febrero de 2014
13 Medusa variations
Text and image by James Knight
1. Dreams
At
twilight Medusa becomes a tree. Brittle branches grasp at the wind hissing
through her leaves. She twists under mineral dreams.
2. Little Black Dress
Medusa
queues to pay for a little black dress. She’ll knock 'em
dead tonight. But, fearing mirrors, she’ll never know
how she looks in it.
3. Humdrum I
In
Medusa’s kitchen, the kettle hisses and
spits. She sits at the table, buttering toast. Her eyes are empty; her mind’s elsewhere.
4. Book
Medusa
is turned into a book, bound in snakeskin. Left on the shelf for years, her
pages yellow with age and envy. Her secret words will never be read.
5. Mermaid
Medusa
swims through the starless abyss, harpoon in hand, hunting. Her eyes are
pearls, her hair a crown of gaping eels.
6. Alice
He
glimpses the reflection of a coil of Alice’s hair as she
darts between still white soldiers. In the frame of a mirror, she’s vulnerable.
7. Humdrum II
Medusa’s mother-in-law clucks over the baby, pecks his cheek.
Afterwards, in the stony silence of the kitchen, Medusa plans a roast chicken.
8. TV
They
sit in their millions, fixed by her stare.
9. Creation Myth
Medusa
is the first monster. She hisses sweet nothings that become the sea. At night,
she’s mesmerised by the silver shield of the
moon.
10. Cupid
Medusa
meets the man of her dreams in a hall of statues. She shoots love’s arrow through his heart, then caresses him until he’s rock hard.
11. Humdrum III
She
inspects her grey skin in the hand mirror.
12. Art
Medusa
takes up sculpture. Her subject is terror. Her material: life.
13. Reflection
Lost
in the Garden of Eden, Medusa chances upon what she takes to be a reflection of
herself: a woman, ripe with sin, stroking a serpent.
This prose poem appears in "Head Traumas". You can buy the book here.
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martes, 18 de febrero de 2014
Grandma’s eyes (13 unpleasant stories, dreamt up for the purpose of terrifying and mystifying)
Text and image by James Knight
1
She
found the book at twilight in the silence of the forest. It was bound in red
leather. When she opened it, the pages turned into moths and fluttered in
drunken spirals, aspiring to the moon.
2
In
Grandma’s garden are gnomes, roses, a
lovingly mown lawn. But her greenhouse is home to a thousand desperate twisted
things, gasping, blind.
3
She
pauses before the door to the forbidden room. The apple-shaped doorknob is
warm, smooth. In her other hand: a key like a snake's tongue.
4
Grandma
sips a cup of tea. A broken wolf stares at her from the prison of a picture
frame.
5
The
curtains of her eyelids are the forest. Denser and denser into the heart, into
the wet darkness, into the house of phantoms.
6
Grandma’s teeth are knives, hatchets, crenellations, the serrated
canopy of the endless forest.
7
When
she breaks the mirror she swoons into a long, restless sleep. Her lips turn to
rose petals, her hair to snakes. Her sex becomes a seashell. Put it to your
ear: listen to the mermaids murmuring in an ocean of blood.
8
Red
roses proliferate in the Kingdom of the Wolf. Grandma’s skull is a cave. Inside, you’ll hear the voices of the dead.
9
Her
heart is a mirror whose surface reflects the witch, an apple, a rose bush, a
broken sword.
10
In
Grandma’s eyes you’ll see a red moon, red shoes, secret flames, the howling
storm. She shows her bleeding palms to the heavens.
11
Opening
the door to room 13, she finds herself entering a candlelit bedroom. Her double
is sitting at the dressing table, smiling at her own reflection.
12
In
the Medusa coils of Grandma’s floral wallpaper: the statue of a
wolf.
13
An axe, a grin, a labyrinth of trees. The girl,
now a woman, writes her name in blood on the mirror of the moon.This poem belongs to the collection published as "Head Traumas" that you can buy here.
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viernes, 14 de febrero de 2014
13 cyborg poets
Text and image by James Knight.
1
Lost
in the Vision Matrix, J0hn Clare transmitted a distress signal designed to be
audible only to himself.
2
T5
El10t ran on a complex algorithm that produced seemingly fragmentary results.
However, if you run Imagewise an underlying order appears.
3
C0ler1dge
suffered a non-integration glitch. His Narco Neurons were in permanent conflict
with routines instigated by a Homily implant.
4
Walt
Wh1tman’s predilection for free verse was the
consequence of a series of malfunctions in his Metrical Regulator.
5
The
deadly Anne 5ext0n devoured boys, cars and prayers, blades whirring, shutter
eyes snapping. Afterwards, sated, she cat-napped in a coffin.
6
When
the archaeologists finally extricated the monolith from the embrace of the
petrified forest, they found Tenny50n embedded in it.
7
Spinning
a web of words, J0hn D0nne’s Sp1der Appendage resembled an
eight-fingered hand. In its nimble frenzy it misspelled “dove” as “love”.
8
Lew15
Carr0ll processed language through a series of Whimsy Filters, generating reams
of dream words, realms and dream worlds.
9
W1ll1am
Blake wrote Songs of Innocence after his Logic Node was shut down. Following a
S1N upgrade, the Songs of Experience howled from him.
10
W0rsdsw0rth’s operating system crashed every time he looked at a lake,
mountain or gorge. The problem was caused by oversensitive Sublimity Receptors.
11
Alexander
P0pe’s Syllepsis Module strained his
vegetables and his relations with other poets.
12
Sylv1a
Plath smashed her way out of the iron foundry, Thanatos mode engaged. Later,
she made the word “BABY” from scrap
metal.
13
Hibernating
in her Death Pod, Em1ly D1ck1n50n still emits little noises that some
commentators claim are philosophical questions.
This poem was published in James' book "Head Traumas". You can buy it here.
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viernes, 7 de febrero de 2014
"Head traumas" de James Knight
“Head
Traumas” es un libro que reúne poemas publicados con anterioridad por James Knight. Las versiones
anteriores, todas hermosas en sí mismas, dan al lector sensaciones diferentes
por las ilustraciones que contienen o por la forma en la que los poemas fueron
presentados. En consecuencia, en “Head Traumas” el lector puede pasear suavemente
por los diferentes estilos y formatos en los que James escribe y tener, en un
solo volumen, varios de sus estimulantes poemas y poemas en prosa.
En este libro, se intercalan poemas que corresponden a
los diversos proyectos de James, por ejemplo, los poemas en prosa en 13 fragmentos que, originalmente,
correspondieron a 13 tuits publicados en @badbadpoet. También se incluyen
poemas del Bird King (Rey Pájaro) un
personaje incierto que igual nos hace reír y nos perturba y quien, en
consecuencia, también es un reflejo de los dictadores y los seres despiadados.
“Head traumas”, como todo lo que escribe James, es sumergirse en un sueño: algunos poemas
son conmovedores y hermosos, otros desconciertan por su gracia y otros más
perturban. Todos los poemas, imágenes y palabras que James comparte persiguen
al lector por días dando la sensación de que el sueño no ha terminado o de que
uno ha sido maravillosamente afectado por un extraño trauma craneoencefálico.
A James le gusta revolverle a uno la mente. Esto lo
consigue a través de su cuenta en tuiter como @badbadpoet y/o a través de sus
diversos e inspiradores libros, los cuales pueden adquirirse aquí.
En las próximas semanas compartiré aquí algunos de mis
poemas favoritos y que aparecen en su libro “Head traumas”. Mientras tanto,
invito a las lectoras y lectores de estas líneas a meter la cabeza en el blog
de James (aquí) para recibir una gozosa sacudida
craneoencefálica.
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