lunes, 29 de agosto de 2011

Irse así, tras de ti


Irse así, tras de ti para encontrarte
y encontrarte dormida
y encontrarse
con que en tu sueño apresas
al fantasma que te mira,
a la piedra lanzada hacia tu cara,
a la piedra que se disuelve
y vela desde dentro
el esquema asombrado
de tu sueño de arena
de tu sueño de danza
en una playa obscura.
Saber que para quien alrededor
de ti camina
no hay caminos
ni atajos ocultos como flores en la nieve
y que entonces irse tras de ti,
de noche entre tu sangre,
es hundirse en tu cuerpo lentamente,
es andar en el aire caminando,
es que tu boca despierte cada noche
para cada noche perderse nuevamente,
es salir a solas de tu cuerpo,
a mediodía y sin que tu lo adviertas,
para cada noche perderse nuevamente.
Tattered de Mark Kitaoka.

sábado, 27 de agosto de 2011

Duerme al abrigo de una hojita


Al alba, saluda al sol. Cae la noche y trabaja todavía. Anda zumbando de rama en rama, de flor en flor, veloz y necesario como la luz. A veces duda, y queda inmóvil en el aire, suspendido; a veces vuela hacia atrás, como nadie puede. A veces anda borrachito, de tanto beber las mieles de las corolas. Al volar, lanza relámpagos de colores.
El trae los mensajes de los dioses, se hace rayo para ejecutar sus venganzas y sopla las profecías al oído de los augures. Cuando muere un niño Guaraní, le rescata el alma, que yace en el cáliz de una flor, y la lleva en su largo pico de aguja, hacia la tierra sin mal. Conoce ese camino desde el principio de los tiempos. Antes de que naciera el mundo él ya existía: refrescaba la boca del padre primero con gotas de rocío y le calmaba el hambre con el néctar de las flores.
Él condujo la larga peregrinación de los Toltecas hacia la ciudad sagrada de Tula, antes de llegar el calor del sol a los Aztecas.
Como capitán de los Chontales, planea sobre los campamentos enemigos, les mide la fuerza, cae en picada y da muerte al jefe mientras duerme. Como sol de los Kekchíes, vuela hacia la luna, la sorprende en su aposento y le hace el amor. Su cuerpo tiene el tamaño de una almendra. Nace de un huevo no más grande que un frijol, dentro de un nido que cabe en una nuez. Duerme al abrigo de una hojita.
Autor desconocido.
Hummingbirds.

lunes, 8 de agosto de 2011

Mirarse al corazón


El león come la carne de otros porque los otros se dejan comer. El león no mata con las garras o con los colmillos. El león mata mirando. Primero se acerca despacio… en silencio, porque tiene nubes en las patas y le matan el ruido. Después salta y le da un revolcón a su víctima, un manotazo que tira, más que por fuerza por la sorpresa.
Después la queda viendo. La mira a su presa. El pobre animalito que va a morir se queda viendo nomás, y mira al león que lo mira. El animalito ya no se ve el mismo, mira que el león mira, mira la imagen del animalito en la mirada del león, mira que en su mirar del león, es pequeño y débil. El animalito ni se pensaba si es pequeño y débil, era pues un animalito, ni grande ni pequeño, ni fuerte ni débil. Pero ahora mira en el mirarlo del león, mira el miedo. Y mirando que lo miran el animalito se convence, él solo, de que es pequeño y débil. Y en el miedo que mira que lo mira el león tiene mido. Y, entonces el animalito ya no mira nada, se le entumen los huesos así como cuando nos agarra el agua de la montaña, en la noche, en el frío. Y, entonces, el animalito se rinde así nomás, se deja, y el león se lo zampa sin pena. Así mata el león. Mata mirando. Pero hay un animalito que no hace así, que cuando lo topa el león no le hace caso y se sigue como si nada, y si el león lo manotea él contesta con un zarpazo de sus manitas, que son chiquitas pero duelen la sangre que sacan. Y este animalito no se deja del león porque no mira que lo miran… es ciego, “topos”, le dicen a esos animalitos.
El topo se quedó ciego porque, en lugar de ver hacia fuera, se puso a mirarse el corazón, se trincó a mirar para adentro. Y nadie sabe porque llegó en su cabeza del topo eso de mirarse para adentro. Y ahí esta de necio el topo en mirarse el corazón y entonces no se preocupa de fuertes o débiles, de grandes o pequeños, porque el corazón es el corazón y no se mide como se miden las cosas y los animales. Y eso de mirarse para adentro solo lo podían hacer los dioses. Y el topo ni pena tuvo porque siguió mirándose para adentro. Y por eso el topo no le tiene miedo al león. Y tampoco tiene miedo al león el hombre que sabe mirarse el corazón.
De un comunicado del EZLN.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Yo me complazco en creer...


(fragmento)
Yo me complazco en creer que este hábito de volar, de cernerse gallardamente sobre las nubes, de hender con tal seguridad los aires, despertará a la postre en las almas el ideal, dormido, elevará quizá los pensamientos de los hombres, afinará, en fin, este pobre barro humano que con tanta facilidad se acuerda de que es fango y con tanta frecuencia olvida que tiene alas.
La aviación, además; nos devolverá a la noche, a la majestad de olvidadas estrellas, que no podremos menos que contemplar; y ya se sabe que las estrellas son pálidos y ardientes doctores que enseñan muchas cosas…
Ellas han devuelto a muchos hombres, en las noches puras de las trincheras, el sentido de la eternidad… En ellas esta nuestra esperanza de salvación.