jueves, 28 de julio de 2011

Alguien


De Guillermo Sánchez Arreola.
Quizá alguien espera
y golpea impaciente
el lugar del corazón
donde el hambre ha inscrito
su marca impostora.

Quizá, alguien,
mas allá de tu tierra alucinada,
tu pequeño país
de marañas negras
y oscuras catedrales,
aguarda, impaciente,
tu caída,
y borda en raídos trapos
el enigma de tu pena.

Quizá, alguien,
mas allá de tu mirada,
que fuera la imagen del mundo,
abierto a destajo por tu propia mano,
mas allá de la escalera,
por donde desciendes,
desafiante,
hacia tu infierno,
espera dulcemente
tu llegada.
Imagen de Serret.

lunes, 11 de julio de 2011

Contranatura


Para que no te viera, el tiempo
se disfrazó de polvo y cordillera.
Por volverse distancia se disfrazó de tierra,
tapó huecos con ramas (logró bosques enormes)
plantó lagunas para desanimarnos, dejó suelta
la vigilancia hambrienta del agua de los mares.

Se desplegó a todo lo largo de la historia.

Para que no te viera
el tiempo construyó ciudades.
Hizo muros de piedra,
edificó estructuras de concreto y acero,
inventó vestiduras y ropas interiores,
perpetuó (por perdernos) trazos irregulares,
glorietas, catedrales, callejones absurdos.

Pero no pudo vencer la resistencia
que le opusieron las ventanas.

Buscando los ángulos exactos,
los reflejos precisos,
a pesar de los muros, por otra geometría,
un día nos miramos fijamente
y nos reconocimos.

Y el tiempo tuvo que aceptar su derrota.
Autor(@) desconocid@.

jueves, 7 de julio de 2011

El silencio del mar


Y el silencio del mar y el de su vida
El silencio del mar
brama un juicio infinito
más concentrado que el de un cántaro
más implacable que dos gotas

ya acerque el horizonte
o nos entregue
la muerte azul de las medusas
nuestras sospechas no lo dejan

el mar escucha como un sordo
es insensible como un dios
y sobrevive a los sobrevivientes

nunca sabré que espero de él
ni que conjuro deja en mis tobillos
pero cuando estos ojos se hartan de baldosas
y esperan entre el llano y las colinas
o en calles que se cierran en mas calles
entonces si me siento náufrago
y solo el mar puede salvarme.
Fotografía de Marco Guerra.

sábado, 2 de julio de 2011

Diego no conocía la mar


Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
—¡Ayúdame a mirar!
Imagen de Zakconnan tomada de aquí.