lunes, 8 de agosto de 2011

Mirarse al corazón


El león come la carne de otros porque los otros se dejan comer. El león no mata con las garras o con los colmillos. El león mata mirando. Primero se acerca despacio… en silencio, porque tiene nubes en las patas y le matan el ruido. Después salta y le da un revolcón a su víctima, un manotazo que tira, más que por fuerza por la sorpresa.
Después la queda viendo. La mira a su presa. El pobre animalito que va a morir se queda viendo nomás, y mira al león que lo mira. El animalito ya no se ve el mismo, mira que el león mira, mira la imagen del animalito en la mirada del león, mira que en su mirar del león, es pequeño y débil. El animalito ni se pensaba si es pequeño y débil, era pues un animalito, ni grande ni pequeño, ni fuerte ni débil. Pero ahora mira en el mirarlo del león, mira el miedo. Y mirando que lo miran el animalito se convence, él solo, de que es pequeño y débil. Y en el miedo que mira que lo mira el león tiene mido. Y, entonces el animalito ya no mira nada, se le entumen los huesos así como cuando nos agarra el agua de la montaña, en la noche, en el frío. Y, entonces, el animalito se rinde así nomás, se deja, y el león se lo zampa sin pena. Así mata el león. Mata mirando. Pero hay un animalito que no hace así, que cuando lo topa el león no le hace caso y se sigue como si nada, y si el león lo manotea él contesta con un zarpazo de sus manitas, que son chiquitas pero duelen la sangre que sacan. Y este animalito no se deja del león porque no mira que lo miran… es ciego, “topos”, le dicen a esos animalitos.
El topo se quedó ciego porque, en lugar de ver hacia fuera, se puso a mirarse el corazón, se trincó a mirar para adentro. Y nadie sabe porque llegó en su cabeza del topo eso de mirarse para adentro. Y ahí esta de necio el topo en mirarse el corazón y entonces no se preocupa de fuertes o débiles, de grandes o pequeños, porque el corazón es el corazón y no se mide como se miden las cosas y los animales. Y eso de mirarse para adentro solo lo podían hacer los dioses. Y el topo ni pena tuvo porque siguió mirándose para adentro. Y por eso el topo no le tiene miedo al león. Y tampoco tiene miedo al león el hombre que sabe mirarse el corazón.
De un comunicado del EZLN.

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