jueves, 2 de junio de 2011

En que cultamente expresa menos aversión de la que afectaba un enojo


Si el desamor o el enojo  
satisfacciones admiten,
y si tal vez los rigores
de urbanidades se visten,
escucha, Fabio, mis males,
cuyo dolor, si se mide,
aun el mismo padecerlo
no lo sabrá hacer creíble.
 
Oye mi altivez postrada;
porque son incompatibles
un pundonor que se ostente
con un amor que se humille.
 
Escucha de mis afectos
las tiernas voces humildes,
que en enfáticas razones
dicen más de lo que dicen.
 
Que si después de escucharme,
rigor en tu pecho asiste,
informaciones de bronce
te acreditan de insensible.
 
No amarte tuve propuesto;
¿mas proponer de qué sirve,
si a persuasiones Sirenas
no hay propósitos Ulises,
 
pues es, aunque se prevenga,
en las amorosas lides,
el Griego, menos prudente,
y más engañosa Circe?
 
¿Ni qué importa que, en un pecho
donde la pasión reside,
se resista la razón
si la voluntad se rinde?
 
En fin, me rendí. ¿Qué mucho,
si mis errores conciben
la esclavitud como gloria,
y como pensión lo libre?
 
Aun en mitad de mi enojo
estuvo mi amor tan firme,
que a pesar de mis alientos,
aunque no quise, te quise.
 
Pensé desatar el lazo
que mi libertad oprime,
y fué apretar la lazada
el intentar desasirme.
 
Si de tus méritos nace
esta pasión que me aflige,
¿cómo el efecto podrá
cesar, si la causa existe?
 
¿Quién no admira que el olvido
tan poco del amor diste,
que quien camina al primero,
al segundo se avecine?
 
No, pues, permitas, mi Fabio,
si en ti el mismo afecto vive,
que un leve enojo blasone
contra un amor invencible. 
 
No hagas que un amor dichoso
se vuelva en efecto triste,
ni que las aras de Anteros
a Cupido se dediquen.
 
Deja que nuestras dos almas,
pues un mismo amor las rige,
teniendo la unión en poco,
amantes se identifiquen.  
 
Un espíritu amoroso
nuestras dos vidas anime,
y Láquesis, al formarlas,
de un soplo copo las hile.
 
Nuestros dos conformes pechos
con sola una aura respiren;
un destino nos gobierne
y una inclinación nos guíe.
 
Y en fin, a pesar del tiempo,
pase nuestro amor felice
de las puertas de la Parca
unidad indivisible,
 
donde, siempre amantes formas,
nuestro eterno amor envidien
los Leandros y las Heros,
los Píramos y las Tisbes.
Imagen de autor desconocido tomada de aquí.
 

2 comentarios:

Ophir Alviárez dijo...

Esa Sor Juana genial y sus misterios. Cómo sabría de todo eso, fascinante. Nunca hay pérdida en sus líneas...

¿Ni qué importa que, en un pecho
donde la pasión reside,
se resista la razón
si la voluntad se rinde?


OA

Guillermina Echeverría-Lozano dijo...

Si, genial la querida Sor Juana, afortunadamente "la peor de todas".